lunes, 21 de diciembre de 2015

Capítulos 71, 72, 73 y 74 del Libro Segundo de don Quijote de La Mancha


Capítulo LXXI: De lo que a don Quijote sucedió con su escudero Sancho yendo a su aldea

Sancho está disgustado. Altisidora no ha cumplido con su palabra y no le ha dado lo prometido por haberla resucitado.

Don Quijote le dice que le dará dinero por cada azote que se dé y así poder liberar a Dulcinea de su embrujo, visto el éxito con Altisidora. A Sancho el precio que le propone su señor le convence y promete darse tantos azotes como pida.

Sancho engaña a don Quijote. En lugar de darse los azotes, los da en un árbol (aunque ya procura él dar una serie de quejidos para darle credibilidad al asunto)

Sancho hace como que se da sus buenos azores y se retira, arropado por su señor, a dormir. Al día siguiente, llegan a una venta cuyo dueño reconoce a don Quijote. Allí, éste le pide a Sancho que siga con los azotes; eso sí, cuando él crea conveniente, pero que no tarde mucho en dárselos.

Don Quijote cree que es mejor dejar los latigazos restantes para cuando lleguen a la aldea. Sancho cree que es mejor dárselos ahora, en caliente. Al final, deciden no seguir discutiendo más y continúan su camino.

Capítulo LXXII: De cómo don Quijote y Sancho llegaron a su aldea

Nuestros protagonistas siguen en el mesón cuando llega un caballero a hospedarse. Este caballero se llama don Álvaro Tarfe y a don Quijote le suena de haber leído su nombre en la segunda parte del libro que narra su historia.

Don Quijote está en lo cierto. Es el mismo Álvaro Tarfe de la historia, el cual se vanagloria de haber conocido a don Quijote, de haberlo llevado a Zaragoza para el torneo de justas y de haberle sosegado en sus momentos más efusivos.

Don Quijote, sin revelar su identidad, sigue preguntándole. Sí, es cierto que don Quijote traía consigo a un escudero gracioso, comilón y bobalicón llamado Sancho. Y no, no se parece don Quijote al caballero que tiene delante (el verdadero don Quijote)

Sancho, al oír cómo lo define, salta y dice que él es Sancho y el señor que tiene delante de sus narices es el verdadero don Quijote.

No está claro si se trata de una acción de los famosos encantadores, pero don Quijote le deja claro a don Álvaro que el verdadero caballero de La Mancha y su escudero son ellos mismos, no esos impostores con los que él ha tratado.

No conformes con eso, y aprovechando la llegada de un notario al mesón, don Quijote le pide un documento notarial firmado por don Álvaro en el que éste reconozca que no conoce a don Quijote ni a Sancho, siendo falsa la historia y los personajes que ese tal Avellaneda, natural de Tordesillas.
Parten don Álvaro, don Quijote y Sancho del mesón rumbo a sus destinos. Durante un trayecto del camino van juntos, lo que aprovecha don Quijote para contarle su historia, el encantamiento de Dulcinea, etc., provocando una mayor admiración en don Álvaro. Finalmente, tienen que despedirse al tomar caminos distintos.

Esa noche la pasan al raso pues así Sancho puede cumplir con su penitencia de los azotes para desencantar a Dulcinea (recordemos que le da los golpes a los árboles, pero como don Quijote no lo ve al ser de noche, cree que los recibe Sancho)

Teóricamente, Dulcinea tiene que estar desencantada pues aunque don Quijote no ve la trampa de Sancho, sí cuenta los azotes y éstos ya superan los tres mil.

Por fin llegan a la aldea, don Quijote con la idea en mente de llevar una nueva vida pastoril

Capítulo LXXIII: De lo agüeros que tuvo don Quijote al entrar en su aldea, con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande historia

En la entrada del pueblo habían dos muchachos discutiendo, uno de ellos dice una frase (“No la has de ver en todos los días de tu vida”) que a don Quijote le hace pensar. ¿Y si eso es una señal de que no volverá a ver a Dulcinea?

Para rematar este funesto pensamiento, una liebre que huye de unos galgos se sitúa debajo del rucio de Sancho. Don Quijote cree que son señales que indican que no volverá a ver a Dulcinea.

Se encuentran con el cura y el bachiller Carrasco quienes le dan la bienvenida a la aldea.
Sancho se va a su casa acompañado por Teresa y Sanchica. Y don Quijote se va a la suya, junto a su sobrina y su ama y la compañía del cura y del bachiller a quienes cuenta que ha sido vencido y no podrá salir de la aldea en un año. También les cuenta sus intenciones de llevar, durante este tiempo, una vida pastoril.

El cura y el bachiller se asombran de la nueva locura de don Quijote, pero con tal de evitar que vuelva a salir a buscar descabelladas aventuras, deciden seguirle el juego.

Algo que no hace su sobrina, quien cree que la vida de pastor no es la adecuada para su tío.

Don Quijote pide que lo acompañen al lecho pues se siente mal. Y hasta allí es conducido por su sobrina y el cura.

Capítulo LXXIV: De cómo don Quijote cayó malo y del testamento que hizo y su muerte

No se sabe si por melancolía o porque simplemente le tocó su hora, pero don Quijote se metió en cama para no salir de ella.

Nadie creía que el fin del caballero estuviera tan cerca, y por eso, el bachiller Carrasco lo animaba con su futura vida pastoril.

Tras una larga siesta de seis horas, don Quijote se despierta totalmente lúcido, cuerdo. Es consciente de que su fin está cerca, de que los libros de caballería le han sorbido el seso. Quiere confesarse y despedirse del cura, del bachiller y del barbero.

Nuestro amigo ya no es don Quijote de la Mancha. Ahora es Alonso Quijano y quiere confesarse y hacer testamento. De forma rápida pues presiente que su fin está cerca.
Sancho está desolado. Su señor, su amigo, su compañero de aventuras, se muere.

Don Quijote pone su alma en paz y su testamento, con sus bienes, en orden.

Don Quijote muere… dejando desolados a todos aquellos (y eran varios) que lo querían.

Yace aquí el Hidalgo fuerte
que a tanto estremo llegó
de valiente, que se advierte
que la muerte no triunfó
de su vida con su muerte.
Tuvo a todo el mundo en poco;
Fue el espantajo y el coco
Del mundo, en tal coyuntura,
Que acreditó su ventura
Morir cuerdo y vivir loco

(Epitafio de don Quijote)



FIN

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