miércoles, 16 de diciembre de 2015

Capítulos 68, 69 y 70 del Libro Segundo de don Quijote de la Mancha


Capítulo LXVIII: De la cerdosa aventura que le aconteció a don Quijote

En una noche oscura, sin luna, mientras Sancho intenta dormir, don Quijote sigue con sus melancolías y le dice a Sancho que vaya dándose azores e ir descontando los que debe de Dulcinea y su encantamiento. Sancho, lógicamente, se niega, y en ella están cuando se oye tal estruendo que se siente en todo el valle. Los culpables de tal follón es una piara que llevan a la feria unos señores. Los cerdos se llevan por delante a todo aquel que se encuentre en su camino y eso se traduce en don Quijote, Sancho, Rocinante y al sufrido rucio.

Sancho se levanta enfurecido: quiere matar a varios de eso desalmados cerdos, pero don Quijote lo frena. Simplemente es lo que se merece por ser tan mal caballero.

Sancho se pregunta si también es castigo para los escuderos recibir tal puerco atropellamiento. Sancho le insta a su amo a dormir y a descansar. Pero don Quijote no puede. Es imposible conciliar el sueño, así que mientras que Sancho duerme, él canta unos versos que compuso en una de sus largas noches de vigilia.

Al día siguiente emprenden camino y tropiezan con un grupo de hombres armados hasta los dientes. Bien se lamenta don Quijote de no incumplir su promesa y darles su (supuesto) merecido a esos caballeros…

Pues no anda tan desencaminado don Quijote con respecto a la naturaleza de estos señores, pues rápidamente los hacen prisioneros.

Mientras los trasladan, los van insultando y don Quijote ve cómo lo llevan de nuevo al castillo del duque.

Capítulo LXIX: Del más raro y más nuevo suceso que en todo el discurso desta grande historia avino a don Quijote

Introducen a la fuerza en el patio del castillo a don Quijote y a Sancho. En medio del patio encuentran a una muchacha difunta, a la cual están velando. Además, hay dos personajes con coronas que o bien son reyes o fingen serlo (la verdad es que todo parece una escenificación teatral)

Aparecen los duques junto a su servidumbre y se sientan junto a los reyes. Don Quijote se da cuenta de que la muchacha difunta es Altisidora.

A Sancho, para risa de don Quijote, le visten de igual manera que a un penitente del Santo Oficio.
Sale un muchacho vestido como un romano, quien entona unos tristes versos dedicados a la difunta. Los reyes son Minos, quien actúa como juez, y Radamento. Los dos dicen que si pellizcan en la cara a Sancho, Altisidora resucitara. Sancho, como es normal, se niega. Pero sale una procesión de dueñas que se encarga de pellizcar al pobre Sancho, quien agarra un enfado monumental.

Mientras Sancho grita como un loco, Altisidora da muestras de volver a la vida para regocijo de los presentes. Lo que le faltaba al pobre Sancho… don Quijote se pone de rodillas delante de él y le pide, por favor, que se dé los azores necesarios para desencantar a Dulcinea. Sancho no puede más…

Altisidora le da las gracias a Sancho por su buen hacer y recrimina a don Quijote su crueldad por haberla dejado así.

A Sancho intentan despojarlo de sus ropas para esta actuación, pero el escudero quiere quedarse con ellas y con la mitra que le han dado.

Al final, todos se retiran a descansar.

Capítulo LXX: Que sigue al de sesenta y nueve, y trata de cosas no acusadas para la claridad desta historia

Sancho prefiere dormir solo para evitarse preguntas y reflexiones de don Quijote.
Cide Hamete nos cuenta cómo es posible que don Quijote y Sancho volviesen a caer bajo las bromas de los duques. Y es que el duque y el bachiller Carrasco están en contacto, por lo que el primero sabe de la derrota del caballero y el segundo de todo lo sucedido en el castillo de los duques.

Altisidora entra en la habitación de don Quijote para desesperación de éste quien la cree una no-muerta Sancho quiere saber que vio mientras estuvo muerta y Altisidora, haciendo gala de una gran imaginación, le cuenta un extraño lugar en el que dos demonios juegan con libros. Uno de estos libros era el de don Quijote de La Mancha.

Don Quijote le dice a Altisidora que no se quede prendada de él, es cosa imposible que él le corresponda pues su amor es única y exclusivamente de Dulcinea.

Llega el día en el que el caballero y escudero deciden partir de nuevo con el permiso de los duques. No sin antes decirles a los duques que la culpa de que Altisidora esté con esos amores melancólicos radica en la ociosidad en la que vive la chica. A la que no le hace nada de gracia esto y termina diciéndole a don Quijote de todo menos bonito.


Por fin pueden partir y seguir su camino.

1 comentario:

  1. vaya aún seguís con el Quijote enhorabuena yo la verdad que no me animo aunque me gustaría leerlo algún día chao

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