viernes, 11 de diciembre de 2015

Capítulos 64, 65, 66 y 67 del Libro Segundo de don Quijote de La Mancha


Capítulo LXIV: Que trata de la aventura que más pesadumbre dio a don Quijote de cuantas hasta entonces han sucedido.

Recibidos con alegría en casa de don Antonio, Ana Félix y su padre, don Quijote cree que es mejor que don Gregorio (el amigo de Ana) no lo liberen pues cree que es empresa peligrosa.

Don Quijote se ofrece a ir él mismo a Berbería a castigar a los enemigos. Don Antonio le dice que si la cosa no sale bien, acepta gustoso su propuesta.

Don Quijote sale un día a pasear con toda su indumentaria caballeresca. Se tropieza con otro caballero que dice ser el Caballero de la Blanca Luna quien lo reta a enfrentarse a él. Si este caballero lo vence, don Quijote tendrá que retirarse a su casa durante un año. Además, le reta poniendo en duda la belleza de Dulcinea…

Don Quijote no sale de su asombro. No se puede ser más arrogante y descarado, por lo que acepta el reto.

Están a punto de enfrentarse cuando aparece el visorrey (quien cree, en un principio, que se trata de otra broma de don Antonio) quien no para el enfrentamiento.

El caballero de la Blanca Luna vence a don Quijote y reivindica si condición: el Caballero de la Triste Figura tendrá que retirarse a su casa durante un año. El honor de Dulcinea quedará intacto. 

Don Quijote acepta y el Caballero de la Blanca Luna abandona el lugar (don Antonio lo sigue con la idea de averiguar quién es)

Don Quijote y Sancho están hundidos. La idea de que el caballero no pueda tomar las armas durante un año es terrible.

Así, deseosos de conocer la identidad del misterioso caballero y con un don Quijote hundido, llegan todos a la ciudad

Capítulo LXV: Donde se da noticia quién era el de la Blanca Luna, con la libertad de don Gregorio, y de otros sucesos

Don Antonio consigue acorralar al Caballero de la Blanca Luna en un mesón, conociendo por fin su identidad.

Se trata del Bachiller Carrasco, quien preocupado por don Quijote, intenta que vuelva a su casa. 

Ya lo intentó como el Caballero de los Espejos pero fue vencido. Le pide a don Antonio que no lo delate, al fin y al cabo lo hace por el bien de don Quijote. Don Antonio le da su palabra de que no lo delatará, aunque ello signifique el fin de la rocambolesca historia del caballero y su escudero.

El bachiller Carrasco abandona la ciudad rumbo a su tierra y don Antonio pone en conocimiento del visorrey la identidad del vencedor y sus motivos (al visorrey tampoco le hace gracia saber que don Quijote no volverá a deleitarles con sus locuras)

Don Quijote se pasó seis días en cama, hundido. Sancho lo intenta animar haciéndole ver que dentro de lo que cabe no ha salido tan mal parado. Don Quijote le da la razón, al fin y al cabo se trata tan solo de un año. Después, podrá volver a sus aventuras.

Don Antonio llega con la grata noticia de que don Gregorio ha sido liberado y ya se encuentra en la ciudad. Llegará en breve a casa de don Antonio pues el chico arde en deseos de ver a su amada, Ana Félix. Don Gregorio, a su pesar, tiene que emprender la marcha hacia casa de sus padres. 

Ana Félix quedará en casa de don Antonio y Ricote, el padre de la chica, irá a casa del visorrey.

El mismo día que don Gregorio parte hacia el hogar paterno, también lo hacen don Quijote (totalmente hundido y desarmado) y Sancho.

Capítulo LXVI: Que trata de lo que verá el que lo leyera, o lo oirá el que lo escuchare leer

Sancho y don Quijote abandonan Barcelona rumbo a sus hogares. Don Quijote va cabizbajo, lamentándose de su mala suerte. Sancho intenta animarlo.

Así pasan cuatro días, sin ningún sobresalto. Al quinto día llegan a un mesón a cuyas puertas se agrupa una gran cantidad de personas. Una de ellas le pide a don Quijote que emita juicio sobre una apuesta que hicieron dos vecinos, pero el caballero no le tiempo a abrir la boca cuando es Sancho (quien recuerda su pasado como gobernador y juez) quien decide ser él quien dé una opinión. Cosa que agradece don Quijote quien no se siente muy capacitado para ello)

Sancho les da su opinión, aceptada de buen grado, y cuando los labradores los invitan a tomar vino, don Quijote, cual alma en pena, abandona el lugar excusándose por ello. Sancho, a su pesar, lo tiene que seguir, dejando a los labradores con la curiosidad de saber quiénes eran y hacia dónde se dirigen. Y por ello, vuelven a apostar…

Un par de días después, se encuentran a un señor que se lanza a abrazar a don Quijote, al cual reconoce. Se trata de Tosilos, el lacayo que se enfrentó a don Quijote para enmendar la honra de la hija de doña Rodríguez.

El chico le cuenta a don Quijote que al final no hubo boda, que la chica se fue a un convento, doña Rodríguez a Castilla y él recibió un severo castigo de parte del duque por no haber seguido con la broma.

Tosilos ofrece parte de su comida a don Quijote y a Sancho, aceptando tan sólo este último pues don Quijote, después de decirle a Sancho que es un glotón insaciable, decide seguir camino y llegar a su triste destino.

Sancho se queda un rato con Tosilos, descansando y comiendo y ya dará alcance a su señor.

Capítulo XLVII: De la resolución que tomó don Quijote de hacerse pastor y seguir la vida del campo, en tanto que se pasaba el año de promesa, con otros sucesos en verdad gustosos y buenos

Cuando Sancho da alcance a su amo, se encuentra a éste cabizbajo, a la sombra de un árbol, pensando en Dulcinea y en la vida que tendrá que llevar a partir de ahora.

Llegan al lugar en que los arrollaron los toros y en el que aquellos aldeanos habían recreado la Arcadia. Don Quijote le propone a Sancho hacer lo mismo, dedicar su tiempo de castigo  a recrear una vida bucólica de pastores felices. Se llamarían el pastor Quijotiz y el pastor Pancino. Incluso, en este idílico mundo, tendrían cabida el bachiller Carrasco, el barbero, el cura y la hija y esposa de Sancho.

Termina don Quijote advirtiendo a Sancho del uso excesivo que hace de los refranes (cosa cierta, pues es capaz de meter más de dos en una sola frase)


Se retiran a descansar y a pasar la noche. Sancho pensando en lo bien que comía y dormía en casas como la de don Antonio; y don Quijote en vela, pensando en su triste destino. 

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