lunes, 30 de noviembre de 2015

Capítulos 61, 62 y 63 del Libro Segundo de don Quijote de La Mancha


Capítulo LXI: De la que le sucedió a don Quijote en la entrada de Barcelona, con otras [cosas] que tienen más de lo verdadero que de lo discreto

Durante tres días, don Quijote y Sancho estuvieron con Roque y los suyos, asombrándose se la vida intensa que llevaba el bandolero. Juntos emprenden el camino hacia Barcelona.

Cuando llegan a la ciudad, don Quijote y Sancho se separan de Roque.
Nuestros amigos se maravillan al ver por primera vez el mar y del gran ajetreo que se vive en la ciudad.

Se encuentran con el amigo de Roque quien ya sabe de la llegada de don Quijote y Sancho. Los reciben con algarabía y gozo, al fin y al cabo se trata del verdadero don Quijote de La Mancha.

Capítulo LXII: Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con otras niñerías que no se pueden dejar de contarse

Don Antonio Moreno, así se llama el amigo de Roque que da cobijo a don Quijote y Sancho en Barcelona, resulta ser igual de “gracioso” y burlón que los duques pues apenas llegan sus anfitriones a su casa, no duda en ridiculizarlos y mostrar a don Quijote como si se tratase de un mono de feria.

Don Quijote está que no cabe en sí de gozo y no se da cuenta de que le toman el pelo. Sancho tiene que aguantar como lo llaman tragón y sucio, acusaciones que no le gustan ni a él ni al escudero.

Después de comer, don Antonio se lleva a solas a don Quijote a una habitación en la que tiene varias cabezas de bronce de emperadores. Allí, le cuenta al caballero su historia no sin antes hacerle jurar que guardará silencio sobre lo que le cuente. Y es que una de las cabezas fue creada por un hechicero, por lo que es capaz de responder la verdad a cualquier pregunta. Don Antonio le dice a don Quijote que al día siguiente, sábado pues los viernes la cabeza enmudece, podrá preguntarle lo que guste.

Don Antonio saca a don Quijote a pasear por la ciudad. El caballero, sin saberlo, lleva en su espalda colgado un cartel con su identidad por lo que él cree que la gente que lo señala o lo llama es porque lo conoce. Pero no todos lo reciben con agrado, algunos incluso lo insultan.

Por la noche, agotan a don Quijote con tanto baile en casa de don Antonio que prácticamente lo tienen que llevar en volandas hacia su habitación.

Llega el día en que se le puede preguntar a la cabeza de bronce. Don Antonio, junto con su esposa y otros amigos, todos compinchados, hacen ver que la cabeza responde.

Don Quijote le pregunta si es cierto lo que vio en la cueva de los Montesinos, si el castigo de los azotes de Sancho tendrá efecto y Dulcinea escapará de su encantamiento.

Sancho le pregunta si gobernará de nuevo y si verá a su familia. La respuesta de la cabeza no le satisface demasiado por ser obvia.

Dando otro paseo por Barcelona, don Quijote encuentra una imprenta y, maravillado, decide entrar para admirar este trabajo así como el de la traducción. Buscando entre los títulos, encuentra la Segunda parte del Ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha, obra de un vecino de Tordesillas.

Don Quijote pide a don Antonio que lo lleve al puerto a ver las galeras, a lo que su anfitrión accede. No sin antes avisar a sus conocidos en el puerto de la próxima visita del caballero.

Capítulo LXIII: De lo mal que le avino a Sancho Panza con la visita de las galeras, y la nueva aventura de la hermosa morisca

Llega el día en el que visitan las galeras y como no, don Quijote y Sancho son recibidos con honores.

Honores que se transforman en tal frenesí de trabajo en cubierta que asustan a Sancho y don Quijote de tal manera que piensan si no es un error haber acudido allí.

En ese mismo momento, llega a puerto un barco con presos turcos. Llevan a un mozo turco que resulta ser una mujer cristiana, lo cual causa asombro a todos. La mujer pide ser escuchada antes de ser ajusticiada (se la considera culpable de la muerte de dos soldados cristianos)

Hija de moriscos, es llevada en contra de su voluntad a Berbería por unos tíos suyos, a pesar de ser católica practicante. La chica sabe que antes de partir, su padre escondió un tesoro. Junto a ella se hallaba don Gaspar Gregorio, joven con el que, al parecer, inicia un romance. Pero el rey, conocedor de la belleza de la muchacha, la hace llamar. Don Gaspar es un guapo mozo y la chica, sabiendo lo que le pasa a los muchachos guapos en aquellas tierras, decide presentarle como mujer para así evitarle problemas. El rey la autoriza a volver a España a buscar el tesoro y se embarca. Pero niega ser la responsable de la muerte de los dos soldados.

De pronto, aparece el padre de la muchacha (que se llama Ana Félix) y no es otro que Ricote, el amigo peregrino de Sancho quien ha regresado buscando a su hija.

Ana Félix queda perdonada y se va con su padre, no sin antes pedir que saquen de su escondite a don Gaspar.


Don Antonio decide acoger en su casa a Ana Félix y su padre 

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