viernes, 27 de noviembre de 2015

Capítulos 58, 59 y 60 del Libro Segundo de don Quijote de La Mancha


Capítulo LVIII: Que trata de cómo menudearon sobre don Quijote aventuras tantas, que no se daban en vagar de unas a otras

Una vez que don Quijote se ve libre de todo, especialmente de Altisidora, siente cómo sus energías caballerescas se renuevan.

Se encuentran con un grupo de labradores que están almorzando y custodian un valioso retablo. 

Las imágenes que le muestran a don Quijote corresponden a cuatro santos: San Jorge, San Martín, Santiago (aunque lo llama Diego Matamoros) y San Pablo en su caída del caballo.
Sancho, tras despedirse de los labradores, se maravilla de la sabiduría de su señor (quien les había dado su correspondiente charla sobre los santos a los labradores)

Comienza una charla entre don Quijote y Sancho en la que el primero le habla sobre el patrón de España o de otros temas más mundanos como es el amor. Y es que Sancho no entiende qué es lo que vio Altisidora en su señor… atractivo no es, lo miro uno por donde lo mire.

Sí, don Quijote reconoce que no es guapo físicamente, pero sí resulta atractivo en cuanto a espíritu. Y no todo el mundo se basa en el físico…

 En ello están cuando encuentran en medio del camino unas redes que don Quijote interpreta como una especie de venganza (puesto que están ahí para que quede atrapado en ellas) por no haber sucumbido a los amores de Altisidora. Así que allá va presto a acabar con este infortunio.

Pero de pronto salen dos hermosas pastorcillas que los invitan (primero a no romper las redes pues con ellas cazan pájaros) y después a acompañarles a su aldea, una especie de Arcadia.
Don Quijote acepta más que nada porque las chicas y parte de la aldea lo conocen a él y a Sancho, así como sus múltiples aventuras.

Preparan al caballero y a su escudero un banquete digno de dioses que don Quijote y Sancho agradecen profundamente. Tanto lo agradece don Quijote que necesita hacer algo especial por estas gentes… eso sí, se enfada muchísimo cuando Sancho les dice a los habitantes de la aldea que juzguen por ellos mismos si don Quijote está loco o cuerdo.

El ofrecimiento de don Quijote es defender a los habitantes de la aldea de cualquier malhechor. Y así lo proclama a voz en grito en mitad del camino.

Y ahí se queda, plantado como una seta en medio del camino esperando a quien enfrentarse.

Aparecen unos lanceros con unos toros, los cuales pasan literalmente por encima de don Quijote, Sancho, Rocinante y el pobre rucio (les habían avisado que se apartasen, pero don Quijote no hace ni caso) Cuando el atropello finaliza, caballero y escudero se sienten tan avergonzados que siguen su camino sin despedirse de los habitantes de la Arcadia.

Capítulo LIX: Donde se cuenta del extraordinario suceso, que se puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote

Superado el atropello de los toros, Sancho y don Quijote se dirigen a un claro donde hay agua clara para asearse.

Sancho tiene muchísima hambre, todo lo contrario que don Quijote quien se encuentra absorto en sus pensamientos. No soporta la idea de haber sido pisoteado por los toros, se siente tan humillado que prefiere morirse de hambre.

Don Quijote accede a comer y dormir un poco por consejo de Sancho, no sin antes recordarle que aún debe bastantes latigazos para cumplir los tres mil y desencantar a Dulcinea. Sancho dice que no hay prisa, que ya se los dará…

Cuando se despiertan de su siesta, emprenden de nuevo el camino. Llegan a una venta (menos mal que esta vez don Quijote no la confunde con un castillo) y deciden pernoctar en ella.

Cuando están cenando, don Quijote oye en la habitación contigua que están leyendo la Segunda Parte de don Quijote de La Mancha. Y se enfada mucho cuando oye decir que esa lectura es una pérdida de tiempo, pero dicen que él no está enamorado de Dulcinea…estalla en cólera.  Se enfada tanto que no duda en alzar la voz, con lo que lo oyen sus vecinos de posada. Éstos se presentan con el libro en la mano y detectan, junto a don Quijote, muchos errores en la obra.

Don Juan y don Jerónimo, así se llaman los vecinos de posada, terminan cenando con don Quijote. Para demostrar que el autor (un aragonés) del libro miente pues no cuenta la verdadera historia y aventuras de don Quijote, éste decide suspender su viaje a Zaragoza y dirigirse a Barcelona, lugar en el que también hay un torneo de justas.

Y así termina este capítulo. Sancho y don Quijote parten rumbo a Barcelona.

Capítulo LX: De lo que sucedió a don Quijote yendo a Barcelona

Camino de Barcelona, don Quijote y Sancho pernoctan el aire libre en una zona boscosa. 

Mientras Sancho duerme, don Quijote piensa. Y piensa que Sancho no hace nada por cumplir con el número de azotes impuesto para liberar a Dulcinea. Pues si él no hace nada, lo hará el caballero…porque… ¿no puede ser el mismo don Quijote quien le dé los azotes? L fin y al cabo, los azotes los tiene que recibir Sancho y así será.
A punto está de azotarle pero el escudero se percata de ello y lo evita. Terminan forcejeando, Sancho acaba encima de don Quijote y le hace prometer que no le azotará ya que lo hará él cuando crea conveniente.

De pronto se dan cuenta de que hay bandoleros ahorcados en los árboles, por lo que deben de estar cerca de Barcelona (es costumbre ajusticiar de esta forma a los delincuentes en esa zona)
Pero apenas les da tiempo a nada más pues pronto son rodeados por otro grupo de bandoleros (en este caso, vivos) El jefe de los bandoleros se llama Roque Guinart quien no oculta su asombro al tener delante de él a don Quijote.

Llega una chica con ropajes elegantes y masculinos que dice llamarse Claudia, hija de un buen amigo de Roque. La chica quiete que le ayude a huir a Francia pues le ha pegado dos tiros a un sinvergüenza que se ha aprovechado de ella y de su padre. Don Quijote se ofrece a remediar este entuerto, pero finalmente acuden todos a ver si don Vicente, que así se llama el supuesto sinvergüenza, está vivo o muerto.

Lo encuentran pero moribundo. Antes de morir, confiesa su amor a Claudia, su deseo de casarse con ella y que jamás la traicionó.

La chica, al ver lo que había hecho, entra en tal estado de histeria que nadie sabe qué hacer.
Roque ordena que lleven al difunto a su casa y Claudia dice que se va a recluir en un convento para pasar allí el resto de sus días.

Tropiezan con una comitiva que se dirige al puerto de Barcelona para embarcar rumbo a Italia. Roque les roba el oro, pero no todo. Se excusa por tener que hacerlo, pero se debe a su oficio de bandolero. Eso sí, es justo y roba lo necesario a la vez que proporciona un salvoconducto para llegar sano y salvo a su destino.


Sabiendo que don Quijote y Sancho se dirigen a Barcelona, manda unas cartas a un conocido suyo en la ciudad avisándole de que para allí se dirige el singular don Quijote de la Mancha. 

1 comentario:

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