martes, 22 de septiembre de 2015

Capítulos 40, 41 y 42 del Libro Segundo de don Quijote de la Mancha


Capítulo XL: De cosas que atañen y tocan a esta aventura y a esta memorable historia.

Sancho no da crédito del castigo que el gigante les ha infringido a las damas, ya que este castigo ha sido que a las pobres mujeres les salga unas barbas que ya quisieran para sí muchos varones.

Don Quijote y Sancho se ofrecen a solventar este mal, por lo que la Trifaldi (viendo que no se centran en lo más importante), llama su atención fingiendo un desmayo. Con ello pretende que se centren en la historia que les quiere contar y olviden el detalle de las barbas de las mujeres.

Trifaldi les dice que el gigante ha puesto a su disposición a un magnífico caballo para que lleguen cuanto antes a su encuentro.

Sancho se interesa por el caballo, por detalles como cuál es su nombre o cómo lo tiene que tratar. Pero decide que él no va… ¿qué tiene que ver un escudero en las aventuras de su señor? Al fin y al cabo el gigante sólo reclama la presencia de don Quijote y en ningún libro de caballería se habla de la acción o importancia del escudero. Siempre es el caballero quien se lleva los elogios.

Al final, Sancho acepta ir a la cita con el gigante gracias a las sentidas palabras de Trifaldi que consiguen reblandecer al escudero.

Ahora, les queda esperar a que el gigante envíe el caballo, cuyo nombre es Clavileño.

Capítulo XLI: De la venida de Clavileño con el fin desta dilatada aventura

Por fin, tras una larga espera, llega el caballo Clavileño…que resulta ser de madera.

Don Quijote y Sancho tienen que subir al caballo, permanecer con los ojos cerrados y cuando el caballo relinche, será la señal de que ya han llegado a su destino.

A Sancho sigue sin convencerle la idea de surcar los aires a lomos de un caballo. Al final accede, aunque con el miedo metido en el cuerpo.

Comienza el vuelo del caballo (evidentemente, ficticio) y para darle más verosimilitud, pegan fuego a la cola del caballo y activan unos fuegos artificiales que hacen que el caballo y sus jinetes salgan despedidos unos metros.

Cuando Sancho y don Quijote se quitan la venda de los ojos, ven un pergamino en el que se anuncia el fin de la exitosa aventura, ya que las damas ya no tienen barba y todo vuelve a la normalidad.

Ante las preguntas de los duques de cómo les ha ido el viaje, sorprende que sea don Quijote quien ofrezca una versión más coherente del mismo, frente a la disparatada aventura que Sancho dice haber vivido.

Don Quijote le dice a Sancho que si él quiere que crea que ha visto el cielo, tal y como afirma el escudero, éste tiene que creer lo que don Quijote dice que vio en la cueva de los Montesinos.

Capítulo XLII: De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula, con otras cosas bien consideradas

Continúan los duques y su servicio burlándose de don Quijote y Sancho (se ve que no tienen otra cosa que hacer) y esta vez le hacen creer al escudero que ha llegado el momento de gobernar su ínsula.


Una vez que don Quijote se entera de que Sancho partirá al día siguiente para gobernar la ínsula, lo lleva a sus aposentos para darle una serie de sabios consejos. Consejos que son sobre cómo ser un buen gobernador, consejos lógicos y muy buenos por cierto. 

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