martes, 8 de septiembre de 2015

Capítulos 34, 35 y 36 del Libro Segundo de don Quijote de la Mancha

Capítulos XXXIV: Que cuenta de la noticia que se tuvo de cómo se había de desencantar a la sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las aventuras más famosas de este libro.

Los duques continúan con la idea de reírse un poco más de Don Quijote y de Sancho, por lo que los invitan a una cacería.

Sancho, tan contento como iba con su nueva vestimenta (regalo de los duques) sufre un percance con un jabalí, lo que hace que se desencante de a práctica de la caza.

Comienza Sancho a justificar su opinión, algo que a don Quijote le pone de los nervios, pues no soporta que su escudero se explaye tanto y mucho menos que lo  haga a base de refranes.

De repente, pasa por la zona una comitiva que bien parecía de guerra. Es el Diablo que ha venido a buscar a don Quijote y trae consigo a Dulcinea. Lleva un recado de Montesinos… si quiere desencantar a Dulcinea, tiene que acudir a una cita con él.

El supuesto Diablo se va, pero al anochecer vuelve otra comitiva con tres carros. En uno de ellos viaja el enemigo de Amadís de Gaula. Pero en otro de ellos, el que más llama la atención, no se ve nada pues va sin luces y en silencio. ¿Quién es el que ocupa este carro?


Capítulo XXXV: Donde se prosigue la noticia que tuvo don Quijote del desencanto de Dulcinea, con otros admirables sucesos.

Llega la misteriosa comitiva con música y una parafernalia en general vistosa que llama la atención de todos, sobre todo de don Quijote, cuando la figura misteriosa que va envuelta en capas de ropa y con aspecto de ser la mismísima muerte, resulta ser Merlín.

El supuesto Merlín anuncia que para terminar con el encantamiento de Dulcinea, Sancho debe de recibir una serie de latigazos. A lo que se niega en redondo Sancho.
Ni tan siquiera el llamamiento de una bella ninfa, que se supone es Dulcinea, que acompaña a Merlín consigue persuadir al escudero.

Tan sólo la amenaza del duque de o se azota para con ello romper el encantamiento de Dulcinea en la cueva de los Montesinos, o no será gobernador de ninguna ínsula, consigue que Sancho recapacite.

Pero Sancho acepta con la condición de darse los más de tres mil latigazos poco a poco y no provocarse heridas muy profundas. Gesto que agradece don Quijote pues cree que con ello la bella Dulcinea será libre.

Capítulo XXXVI: Donde se cuenta la estraña y jamás imaginada aventura de la dueña Dulcinea, alias de la condesa Trifaldi, con una carta que Sancho Panza escribió a su mujer Teresa Panza.

Continúa la burla hacia don Quijote y Sancho por parte de los duques y sus criados. En esta ocasión, es la duquesa la que se interesa si Sancho está cumpliendo su penitencia o no y si lo hace con interés.

Sancho le dice que sí, que ya ha empezado a azotarse. También le dice que le ha escrito una carta a si esposa en la que le cuenta su penitencia y que pronto será gobernador.


Terminan de comer y vuelve de nuevo la representación burlesca. En esta ocasión quien llega es Trifaldín el de la Barba Blanca, escudero de la condesa Trifaldi, también conocida como la dueña Dolorida. Pide permiso para que entre su señora en presencia de los duques, quienes aceptan de inmediato. Máxime cuando esta señora tiene un gran problema que sólo un caballero andante puede resolver…

4 comentarios:

  1. Eso es constancia y lo demás es bobería, debes ser de las pocas (si no la única) que continúa con este reto. Te confieso que yo solo leí la primera parte en bachiller y ya no me quedé con ganas de más, debe ser de esas lecturas a las que no hay que acercarse demasiado joven. Ya ves, yo no me quedé con ganas de repetir.

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    1. Creo que queda algún valiente por ahí... La verdad es que me está costando terminar esta parte, la primera me gustó más. Pero bueno...a cabezona no me gana nadie.
      Un besito

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  2. Tengo abandonadísimo este reto.
    Besos.

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  3. Alguna más estamos en ello también. Pues yo estoy disfrutando más con esta segunda parte. Este verano si me está costando un poco más, pero ya ha llegado septiembre y se recuperan algunas costumbres, las buenas para variar. Besos.

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