miércoles, 29 de julio de 2015

Capítulos 31, 32 y 33 del Libro Segundo de Don Quijote de La Mancha

Capítulo XXXI: Que trata de muchas y grandes cosas

Llegan a casa de los duques, para alegría de Sancho quien cree que va a ser tratado tan bien como en casa de don Diego y Basilio.

El duque ha advertido a toda su servidumbre del carácter “especial” de don Quijote, así que todos lo tratan casi como a un héroe de la caballería.

Sancho tiene un rifirrafe con una señora a la que encarga dar de comer a su asno. Aquella se molesta pues cree que Sancho la ha tratado con poco respeto e incluso ha osado a llamarla vieja. La cosa no llega a más gracias a la intervención de la duquesa. Don Quijote riñe a Sancho pues si él se muestra grosero, creerán que su señor también lo es.

Llega el momento de la cena y a Sancho le mosquea el trato que le dan a su señor… muy ficticio y exagerado. Por lo que decide contar una historia. Algo que horroriza a don Quijote pues teme que su escudero meta la pata hasta el fondo.

Pero la duquesa lo anima a hablar, al mismo tiempo que un eclesiástico que los acompaña y el propio don Quijote se quejan de las vueltas que da Sancho para contar su historia.
Historia que hace que a don Quijote le cambie la cara pues básicamente trata de las mismas adulaciones que a él le hacen. La duquesa desvía el tema al preguntarle al caballero por su amada Dulcinea.

El eclesiástico, al oír hablar a don Quijote de Dulcinea y su encantamiento, cae en la cuenta de quién es y como reprende al duque por leer estas historias, de nuevo lo vuelve a “castigar” Pero también don Quijote de lleva su parte pues lo acusa de tonto e inocente al creerse él mismo tan disparatadas aventuras. Algo que molesta, y mucho, a don Quijote quien le dará respuesta en el siguiente capítulo.

Capítulo XXXII: De la respuesta que dio Don Quijote a su reprehensor, con otras graves y graciosos sucesos

Nos habíamos quedado en pleno discurso de don Quijote quien está más que ofendido. Ofendido sobre todo con el eclesiástico a quien dirige principalmente su defensa, aunque al final también apela a los duques.
Sancho también recibe las puyas del eclesiástico y del duque quien no duda en ofreceré el gobierno de una ínsula.

Termina la discusión cuando el eclesiástico se va y don Quijote insiste en que la cosa no pasa a mayores porque es eso, un eclesiástico ( y como las mujeres y a los niños, no se pueden defender) Se considera muy ofendido, sí, pero no agraviado y para justificar esto vuelve a lanzar un discurso enrevesado como sólo él sabe.

Termina la cena y llegan cuatro doncellas a asear a los invitados. Se trata, en realidad, de una situación en la que buscan burlarse de don Quijote y así las doncellas, muy atrevidas, dejan al caballero de tal guisa (cubierto de espuma por toda la cara) que es difícil para todos aguantar la risa.

Sancho también quiere tener su momento de aseo personal y se lo llevan a ello.
La duquesa le pide a don Quijote que describa la belleza de Dulcinea. Don Quijote no puede explicar con palabras tal belleza aunque reconoce que está un poco decepcionado, pues Dulcinea no es la que era por culpa de un encantamiento. Este momento lo aprovecha la duquesa para plantearle la posibilidad de que Dulcinea sea un producto de su imaginación.

La duquesa no pone en duda el linaje ni la belleza de Dulcinea, pero le preocupa lo que le aseguró Sancho cuando fue a llevarle la carta y la halló en tal estado (convertida en campesina)
Don Quijote defiende con ahínco el linaje de Dulcinea y su amor hacia ella y a Sancho.

Y hablando de Sancho…entra de repente en la estancia todo mojado, con un montón de criados detrás de él. Sancho está muy enfadado porque cree, con razón, que están burlándose de él. La duquesa intercede y reprende a los osados criados, lo que provoca una gran admiración hacia ella por parte del escudero. Don Quijote se retira a dormir la siesta y la duquesa le pide a Sancho que la acompañe. Éste accede en señal de agradecimiento, pues saltarse sus cuatro o cinco horas de siesta no lo hace por cualquiera.

Capítulo XXXIII: De la sabrosa plática que la duquesa  sus doncellas pasaron con Sancho Panza, digna de que se lea y de que se note

Sancho comienza una conversación con la duquesa y sus doncellas en la que se sincera. Sí, le dice a la señora que cree firmemente que su señor está loco y que Dulcinea no sufre ningún encantamiento. Pero a pesar de ello, Sancho quiere a su señor pues es un hombre bueno y justo con él y Sancho es, ante todo, un hombre leal y agradecido.

La duquesa le hace más preguntas sobre sus aventuras con el objetivo de seguir burlándose del escudero. Sancho, ingenuo en muchas ocasiones, se da cuenta de las intenciones de la señora pero no dice nada.


Finalmente, Sancho se retira a descansar sabiendo que su asno (es ahora su preocupación) será bien atendido. 

1 comentario:

  1. Yo he terminado hace poco la versión de Trapiello y me ha resultado muy interesante comparar con la lectura del original
    Besos

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