miércoles, 15 de julio de 2015

Capítulos 28, 29 y 30 del Libro II de Don Quijote de la Mancha

Capítulo XXVIII: De cosas que dice Benengeli que lo sabrá quien las leyere, si las lee con atención.

Se ponen a salvo de la furia del escuadrón y una vez que don Quijote se ha dado cuenta de que las heridas de Sancho son superficiales, culpa a éste de la desgracia. Y es que… ¿cómo se le ocurre rebuznar como un loco?

Sancho le recrimina que él saliese huyendo dejándolo tirado a su suerte. No, Sancho estás equivocado… don Quijote no ha huido, se ha retirado en un momento de prudencia.
Prosiguen su camino, durante el cual Sancho no hace más que quejarse de un modo tan lastimero y escandaloso que su amo le pregunta la causa de su mal. Sancho está muy dolorido y don Quijote  llega a la conclusión de que su dolor es producido porque… le han pegado con un palo. Cosa que Sancho, irónicamente, le dice que no lo sabía…
Sancho está ya cansado de recibir tantos golpes y se plantea volver a casa.

Don Quijote le dice que se desahogue, que hable. Es el dolor el que le hace decir impertinencias y si quiere irse a casa, que se vaya.
Sancho le expone lo que ganaba en su anterior empleo, en el que al menos dormía en su cama y comía más o menos bien. Saca la cuenta de cuál sería su salario, lo que enfurece mucho a don Quijote. Sancho, al ver el cabreo de su señor, quien lo acusa entre otras cosas de pesetero, recula en sus intenciones y olvida sus pretensiones.

Llegan a una alameda en la que pasan la noche. Don Quijote pensando en sus cosas y Sancho dolorido como nuca.

Al amanecer continúan la marcha hacia el río Ebro.

Capítulo XXIX: De la famosa aventura del barco encantado

Llegan hasta la ribera del Ebro, cuyas aguas fascinan a don Quijote. De pronto, ve una barca atada a un árbol y decide subirse a ella para ir en busca de alguna persona en apuros.
Don Quijote cree firmemente que se trata de un barco encantado, idea que no comparte Sancho quien cree que se trata de una embarcación de algún pescador de la zona. Pero para no contrariar a su amo, le sigue la corriente.

A Sancho se le parte el alma cuando ve a su asno y a Rocinante desesperados al verlos  marchar en la barca. Don Quijote le riñe y Sancho, realista al fin y al cabo, se niega a creer que están surcando los mares y que hay un castillo o fortaleza en medio de las aguas tal y como afirma don Quijote (se trata de un molino, como veremos más adelante)

En ello están cuando ven a unas personas (unos molineros), llenos de harina, en la orilla del río sacudiendo unas varas. Don Quijote cree que le quieren atacar y los reta. El barco va derecho hacia las ruedas del molino y si no llega a ser por los molineros, aquí se acaba definitivamente la historia de don Quijote. Aún así, la barca sufre cuantiosos desperfectos.
Por fin tocan tierra y mientras Sancho da las gracias al cielo por salvarle la vida, los pescadores, dueños de la barca, le exigen a don Quijote el pago de la misma. Éste no se niega, pero antes tienen que liberar a la persona cautiva en el castillo (el molino)

Lógicamente, molineros y pescadores están que no salen de su asombro, y como don Quijote ve que es tarea difícil liberar al desdichado en cuestión, se rinde. Comprende que no es misión para él, sino para otro caballero. Paga a los pescadores por la barca y prosigue su camino. Dejando, eso sí, a unas personas con la boca abierta ante sus locuras.

Capítulo XXX: De lo que les avino a don Quijote con una bella cazadora

Llegan hasta donde están sus animales y continúan su camino, uno pensando en sus amores y el otro en el maldito día en el que se le ocurrió emprender esta loca aventura.

Un día se topan en un prado con un grupo de cazadores, de los que destaca una mujer.
Esta señora, a todas luces una cazadora, llama tanto la atención de don Quijote que manda enseguida a Sancho para que le presente sus respetos a tan enigmática dama.
La señora no solo acepta recibir a don Quijote, del cual ya tiene noticias, sino que lo invita a descansar a su casa.

Y es que la dama, que es duquesa, y su marido, conocen las disparatadas historias de don Quijote pues han leído la primera parte de la historia.

Cuando don Quijote se presenta ante la dama, lo hace de un modo un tanto especial y es que se pega tal golpe a bajar de Rocinante que el buen caballero se quiere morir de la vergüenza. Menos mal que el duque le quita importancia y la culpa, como no, recae en el pobre Sancho.

Encaminan sus pasos hacia el castillo de los duques. 

1 comentario:

  1. Yo también estoy leyendo la segunda parte este año. Estoy disfrutando más con esta que con la primera.Gracias por traernos a esta estupenda pareja. Saludos.

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