viernes, 13 de febrero de 2015

Capítulos 4, 5 y 6 del Libro II de Don Quijote de La Mancha

Capítulo IV: Donde Sancho Panza satisface al bachiller Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de saberse y contarse

Llega Sancho y comienza a analizar parte de la historia con el bachiller. Éste les dice que hay aspectos de la narración que a los lectores no les quedó claro, como qué hizo Sancho con los cien escudos que halló en la maleta de Sierra Morena o quién robó el rucio (caballo, mulo) de Sancho .

Sancho se justifica, como en el caso del dinero que dice que se lo gastó en su familia que bastante tiene con aguantar que ande por ahí en los caminos. Pero bueno…tampoco tiene que estar justificándose de todo lo que hace o dice. Que cada cual se meta en su vida.

Ante la pregunta de si el autor tiene en mente escribir la segunda parte, el bachiller contesta que no lo sabe.

Entre lo que ya ha oído don Quijote, el hecho de que Sancho diga que esté el autor al loro pues habrá segunda parte y que Rocinante llama a su amo, don Quijote toma la determinación que en tres o cuatro días saldrá de nuevo en pos de una nueva misión.

Le pide al bachiller consejo de hacia dónde ha de dirigirse y éste le responde que hacia Zaragoza, en el Reino de Aragón. Le pide que lleve cuidado pues su vida no es sólo suya, también lo es de todos aquellos que esperan sus aventuras.

Sancho advierte una cosa: si ha de acompañar a don Quijote será únicamente como sirviente y no como caballero. Que a él eso de pelear con espadas o lo que sea no es lo suyo. Eso sí, si su trabajo de fiel escudero le reporta una ínsula…pues no va a decir que no, pero si ello implica tener que pelear por ella…como que no…

Don Quijote le pide al bachiller que componga una nueva poesía para Dulcinea a modo de despedida pues en ocho días saldrá de nuevo. También le pide que no le cuente a nadie sus intenciones de salir (sobre todo a los suyos) pues seguro que intentan entorpecer su viaje.

Carrasco, el bachiller, así lo promete. Y Sancho corre presto a comenzar los preparativos de la salida.

Capítulo V: De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y su mujer, Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice recordación

 Comienza este capítulo con una advertencia: el autor del libro lo incluyó en el mismo aun teniendo la sospecha de que se trataba de un capítulo apócrifo pues en él Sancho emplea un tipo de lenguaje y un ingenio nada propios de su persona.

Sancho le comunica a su esposa, Teresa, su intención de salir de nuevo con su señor. Así, quizá con suerte, pueda darles a sus hijos un futuro mejor e incluso poder casar a su hija Mari Sancha con un señor de alta alcurnia. Esto no parece gustar mucho a su esposa pues cree que la muchacha debe casarse con alguien como ella, sencillo, no con un señor a quien nadie pueda entender.

Sancho discute con su esposa quien no da su brazo a torcer ante la idea de convertir a su hija en condesa. Cree que eso es un error, pues el que una persona se vista con ropas lujosas y se le dirijan con un título de cortesía no implica respeto sino más bien burla. Y eso no lo quiere para su hija.

Sancho la tacha de ignorante y utiliza unos argumentos con un razonamiento y un vocabulario impropios de él, algo a lo que aferra el autor del libro para decir que estos capítulos son apócrifos.

Finalmente, Teresa tiene que ceder ante la idea de Sancho y aceptar que si éste hace fortuna, su hija casará con un conde. Al fin y al cabo es mujer y lo que ella diga o piense cae en saco roto…

Capítulo VI: De lo que le pasó a don Quijote con su sobrina y con su ama, y es uno de los importantes capítulos de toda la historia.

Mientras Sancho habla con su esposa y le expone los motivos de su próximo viaje, el ama y la sobrina de don Quijote intentan también convencer al caballero de que esa idea es más que una locura.

El ama argumenta que el rey necesita caballeros en la Corte, mientras que la sobrina es más directa y le dice a su tío que las historias de caballeros no existen. Afirmación que, como es de esperar, sienta fatal a don Quijote.


No hay forma de convencerlo y la conversación se interrumpe con la llegada de Sancho, reuniéndose escudero y caballero en los aposentos del segundo para ultimar los detalles de su salida. 

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