miércoles, 31 de diciembre de 2014

Capitulo LII del Libro Primero de don Quijote de la Mancha

Capítulo LII: De la pendencia que don Quijote tuvo con el cabrero con la rara aventura de los disciplantes, a quien dio felice fin a costa de su sudor

A todos les gusta la historia del cabrero a quien felicitan por la gracia y elegancia con la que la han contado.

Don Quijote aprovecha el momento para ofrecer sus servicios a Eugenio, el cabrero, en el caso de que éste decida liberar a Leandra.

Claro, Eugenio ve a don Quijote con muy mala pinta y pregunta quién es. El barbero le dice, con cierta guasa, que se trata del famosísimo don Quijote de la Mancha, valeroso caballero. Eugenio cree más quien que se trata de alguien que no está en sus cabales, lo que hace que don Quijote se enfade y de qué manera. Y es que el Caballero de la Triste Figura no tiene otra ocurrencia que lanzarle al cabrero un pan en toda la cara y lo hace con tanta furia que el cabrero llega a sangrar. Claro, la respuesta de éste ante este ataque es de esperar…se lanza dispuesto a ahogar a don Quijote y ante este panorama, Sancho acude a proteger a su señor.

Menuda refriega se arma…

Están a palo limpio don Quijote, Eugenio y Sancho mientras el resto de los acompañantes se limitan a contemplar la pelea o a separar a los contrincantes cuando suena una trompeta con un sonido que se les antoja muy triste. Todos para y se ponen a escuchar. Don Quijote pide una tregua pues cree que ese lamento puede ser un reclamo a su presencia.

Divisan una procesión proveniente de una aldea en la que ruegan a la Virgen para que llueva. Pero don Quijote no le ve así e interpreta que se trata de otra dama en apuros y allá que se lanza, a lomos de Rocinante.

Sancho, desesperado, intenta frenarlo pero es imposible. Don Quijote alcanza la procesión dispuesto a liberar a la dama enlutada que llevan (la Virgen)

Los miembros de la procesión, los disciplientes, ven claramente que se trata de un hombre que no está bien de la cabeza, así que pasan del pasmo inicial a la risa cuando don Quijote les pide que liberen a la dama que portan.

Estas risas no sientan nada bien a don Quijote quien, como no, arremete contra los feligreses. Éstos responden al ataque y don Quijote acaba herido en el suelo. Todos creen que el caballero ha muerto por el tremendo porrazo y mientras los discipliantes huyen del lugar por temor a sufrir la ira de los acompañantes del caballero, Sancho (con la desesperación metida en su cuerpo) llora a su señor.

No, don Quijote no ha muerto. Recobra el sentido y se deja convencer por Sancho cuando éste le dice de volver a la aldea para descansar. Con esta idea, se despiden de Sancho, don Quijote, el barbero y el cura del canónigo y su cuadrilla.

Nuestros amigos llegan por fin a la aldea después de un largo viaje de seis días. El mal estado en que ven llegar a don Quijote hace que el ama y su sobrina maldigan de nuevo a los libros de caballerías.

Juana, la esposa de Sancho, también acude a  ver a su marido y espera recibir de éste buenas noticias. Pero no, Sancho sólo trae cosas que contarle y le pide paciencia a su señora: en restablecerse su señor, saldrán en pos de nuevas aventuras y conseguirá ser dueño y señor de su deseada ínsula.

Dejamos a don Quijote acostado, cuidado por los suyos quienes no se cansan de maldecir los dichosos libros.

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Para terminar este primer libro, Cervantes nos cuenta que don Quijote, en su tercera salida de casa, llega a Zaragoza y de la existencia de una caja de plomo que contenía datos sobre la hermosura de Dulcinea, la lealtad de Sancho, de Rocinante y de la sepultura de don Quijote.


Con estos hipotéticos textos hallados en la caja, se despiden don Quijote, Sancho, Rocinante y compañía al menos de momento…

1 comentario:

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