lunes, 29 de diciembre de 2014

Capítulo LI del Libro Primero de don Quijote de la Mancha

Capítulo LI: Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que llevaban a don Quijote

Comienza la narración del cabrero quien habla de un labrador que tenía una hija tan hermosa como virtuosa. Fueron muchos los que propusieron matrimonio a la chica, entre ellos el mismo cabrero.

A Eugenio, el cabrero, le sale un serio competidor (ya que los dos son de la misma aldea) en la persona de Anselmo. El padre de Leandra, que así se llama la chica, se inclina por uno de estos dos pretendientes por ser de la misma aldea, pero decide darles largas argumentado la corta edad de la muchacha y así, disponer de tiempo para decidir quién es el mejor de todos.

En esas están cuando llega a la aldea un joven soldado, Vicente de la Rosa, apuesto y con muy buena planta que pronto encandila a toda la gente con su tremenda labia. Además, el chico es todo un poeta y sabe tocar la guitarra. No es de extrañar que todo el mundo lo admire, entre ellos la joven Leandra quien cae rendida ante las galas de este donjuán.

Leandra y Vicente protagonizan un hecho bastante escandaloso ya que se fugan de la aldea. Al cabo de tres días encuentran a la chica sola, en una cueva del monte, semidesnuda y con unas joyas que le había robado a su padre. Leandra cuenta que Vicente la había engañado, convenciéndola para que robase a su padre y huir con él a Nápoles. Pero nada de eso era cierto, pues el muy truhán le robó todo lo que pudo, excepto su honra, y huyó dejándola sola.

Precisamente que Vicente no le robase la honra a Leandra es algo que cuesta de creer a más de uno… El padre de Leandra la perdona, amparándose en la temprana edad de la muchacha y en su inestable e insensata naturaleza femenina A espera de que amaine el temporal, el padre decide ingresar a la chica en un convento durante un tiempo.

A Anselmo y a Eugenio les consume la pena. Tan grande es su dolor que deciden abandonar la aldea e instalarse en el valle, cuidando de sus respectivos rebaños y añorando a Leandra a la vez que maldicen a soldado.

Pero no son los únicos…siguiendo su ejemplo, todos los enamorados de Leandra se han trasladado al valle a llorar a su amada. Como si de una Arcadia pastoril se tratase, el valle está plagado de jóvenes con el corazón roto que añoran, maldicen, lloran y desean a Leandra.

Cada uno lleva el dolor como puede. Eugenio opta por creer que la culpa de la acción de Leandra se debe a la ligereza propia del género femenino, a su innata inconsciencia, a lo poco que las mujeres saben utilizar el buen juicio… De ahí que le hable a la cabra, ser femenino al fin y al cabo, con paciencia e intentando hacerle ver el error que está cometiendo.


Esta es la historia de Eugenio y así se la ha contado a Don Quijote y a sus acompañantes. 

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