lunes, 24 de noviembre de 2014

Capítulo XLVI del Libro Primero de don Quijote de la Mancha

Capítulo XLVI: De la notable aventura de los cuadrilleros y la gran ferocidad de nuestro buen caballero don Quijote

Mientras don Quijote sigue con su discurso, el cura intenta convencer a los cuadrilleros de la tontería que supone llevarse a don Quijote (si es que él se deja, cosa bastante complicada) pues a todas luces está loco y pronto lo dejarían libre.

Finalmente, los cuadrilleros entienden que el cura lleva razón por lo que olvidan la idea de entregar a don Quijote a la Santa Hermandad. E incluso aceptan participar como intermediarios entre la disputa que aún persiste entre don Quijote, Sancho y el barbero.  Es el cura el que logra, una vez más, la paz definitiva al pagarle al barbero ocho reales por la bacía.

Parece que la paz y la armonía se han instalado en la venta… don Luis parte hacia su casa a sabiendas de que posee el amor de Clara.

Pero el ventero, viendo que el cura paga al barbero por la bacía, reclama el importe por los numerosos destrozos que don Quijote ha causado en su venta. Algo que paga don Fernando, dejando por fin a todos contentos.

Don Quijote cree que ya es hora de partir. Ya ha resuelto sus problemas en el castillo/venta (más bien se los han resuelto otros) y cree que debe seguir su camino en pos de nuevas aventuras. Pero antes tiene que tener el permiso de la princesa Micomicona (Dorotea) para ello, el cual le es concedido.

Don Quijote da la orden a Sancho de partir. Éste le dice que ya era hora, que de princesa Micomicona nada de nada pues la había pillado en más de una ocasión en actitud cariñosa con don Fernando (al fin y al cabo era su marido)

Don Quijote estalla en cólera hacia su escudero. Le tacha de mentiroso, embustero y liante. Sancho, con el miedo en el cuerpo de ver a su señor enfadadísimo y a sabiendas de cómo se las gasta, pone tierra por medio y desaparece.

Dorotea (alias la princesa Micomicona) le dice a don Quijote que no la tome con Sancho. Al fin y al cabo, él bien sabe que el lugar en el que están hace a la gente ser propensa a creer en encantamientos, a creer cosas que no son ciertas, por lo que Sancho ha podido ser víctima de ello.
Don Quijote cree que así es y decide perdonar a su escudero el cual sigue sin aceptar que el episodio aquel en el que lo mantearon en esta misma venta sea obra paranormal…

Al cabo de dos días llega el momento de partir y el cura, con la ayuda del resto, deciden llevar a don Quijote a su aldea con el pretexto de liberar a la princesa Micomicona y así curarlo de su locura.

Para ello, crean un plan que consiste en meter al caballero en una especie de jaula de la que no pueda escapar y desempeñar todos un papel distinto con tal de que el caballero no los reconozca (excepto a los necesarios para la farsa) Así, el barbero, cambiando la voz, actúa a modo de oráculo y le vaticina a don Quijote un futuro prometedor. Pero para ello, debe de dejarse llevar por las circunstancias. El pobre caballero, al que meten en la jaula dormido y despierta en ella pensando en que es víctima de otro encantamiento, obedece a pies juntillas. Sancho, que no sabe la verdad sobre esta farsa en su totalidad, está a punto de volverse igual de loco que su amo…

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