lunes, 15 de septiembre de 2014

Capítulo XXXVI del Libro Primero de don Quijote de la Mancha

Capítulo XXXVI: Que trata de la brava y descomunal batalla que don Quijote tuvo con unos cueros de vino tinto, con otros raros sucesos que en la venta le sucedieron

No, no me he equivocado y os planto el título del capítulo anterior. En todo caso, es nuestro amigo Cervantes el que se ha liado un pelín y ha puesto el título que no es…
Bueno, vamos a ver qué es lo que pasa de nuevo…

Estamos situados de nuevo en la venta, después de la que lió don Quijote con los cueros de vino, cuando el ventero ve por la ventana que llega una comitiva bastante curiosa. Y es que los nuevos huéspedes que se aproximan son cuatro hombres con antifaces negros junto a una mujer de blanco.
Mientras el ventero se frota las manos pensando en el dinero que le van a dejar, al resto de los inquilinos les pica, y mucho, la curiosidad.

El cura interroga a un mozo sobre la identidad de los recién llegados. No, nadie sabe quiénes son. Sólo se sabe que viajan en un absoluto silencio, roto de vez en cando por los suspiros lastimeros de la dama; suspiros que ponen los pelos de punta.

Dorotea se apiada de la misteriosa dama y le ofrece ayuda para curar cualquier mal que la aflija.
Uno de los caballeros que acompañan a la dama le dice a Dorotea que no se moleste en nada, que la dama en cuestión es una desagradecida y que de su boca sólo salen mentiras.

La dama responde a tal acusación  y es en el momento en el que se oye su vos cuando Cardenio se sobresalta… ¿quién es esa dama? ¿Por qué le es familiar su voz?

Sí, efectivamente… la misteriosa dama de blanco es… ¡Luscinda!

Pero aún hay más y es que el caballero que parece controlarlo todo es… ¡don Fernando! ¡El amante de Dorotea y amigo de Cardenio!

Menuda tensión… Luscinda, en el momento en el que reconoce a Cardenio, se lanza a sus brazos. Sí, el es su verdadero esposo, diga lo que diga don Fernando. Dorotea se postra a los pies de éste y le hace ver que si Cardenio es el auténtico esposo de Luscinda, él es el suyo. Sí, le guste o no, Dorotea es su esposa pues así se lo juró ante el mismo cielo.

Don Fernando parece que no está muy conforme con este cambio de rumbo en su vida y por un momento, parece tentado a liarse a espadazo limpio con Cardenio, quien sigue abrazado a Luscinda.
Pero la cordura triunfa y gracias a las tiernas y sentidas palabras de Dorotea y al consejo del resto de la audiencia (incluido Sancho), don Fernando recapacita y abraza a Dorotea a la que termina reconociendo como esposa. Termina por perdonar a Luscinda y Cardenio (¡válgame!) y cuenta que sintió deseos de venganza cuando supo del deseo de Luscinda de serle fiel a Cardenio. Cuenta que la raptó del monasterio al que había huido la chica tras su fallida boda y huyendo del mismo es cuando van a parar a la venta.


Bendito lugar, dice don Fernando, porque allí ha sido donde su alma ha encontrado la paz. 

3 comentarios:

  1. Veo que tu eres de l@s valientes que se han atrevido a leer y reseñar El Quijote! Me encanta y como voy leyendo todas vuestras reseñas, por aquí me quedo. Un beso!

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  2. Por cierto, espero tu reseña de El último Catón! Estaré pendiente :)

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