miércoles, 6 de agosto de 2014

Capítulo XXX del Libro Primero de don Quijote de la Mancha

Capítulo XXX: Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea, con otras cosas de mucho tiempo y pasatiempo.

Sancho termina confesando que quién liberó a los fugitivos fue su amo, confesión que enfada a don Quijote y que le cuesta más de un palo a Sancho por bocazas (ya llevaba tiempo sin recibir ningún golpe esta criatura)

Y es que don Quijote no está dispuesto a que nadie cuestione sus caballerosas acciones. Menos mal que Dorotea andaba al quite y consigue desviar la atención de don Quijote hacia su persona, recordándole que lo andaba buscando para socorrerla.

Dorotea, recordamos que convertida en la princesa Micomicona, comienza a narrar su historia. Historia que se inventa sobre la marcha y que mantiene en ascuas al resto de la comitiva (recordamos que los únicos que no saben nada de esta burla son Sancho y don Quijote) que asisten interesados con tal de ver cómo se desenvuelve la muchacha en esta situación.

Aunque es una joven avispada y astuta, hay un par de veces que Dorotea casi mete la pata (olvida su identidad, ubica lugares donde no están y comete ciertos fallos geográficos que a don Quijote no se le escapan), siendo socorrida rápidamente por el cura y cimentando la historia de tal manera que ni don Quijote ni Sancho se percatan de la falsedad de la misma.

Cuenta la joven que tras la muerte de sus padres la amenazó un gigante malvado llamado Pandafilando de la Fosca Vista. Algo que no le sorprende a la princesa de Micomicón pues su padre, Trinacrio el Sabidor, profetizó este ataque; así como que en su ayuda acudiría un caballero andante, alto, de rostro delgado y con un lunar específico en su cuerpo (algo que intenta averiguar Sancho y que hace que don Quijote se lo quite de encima rápidamente)  Sí, ese caballero es don Quijote.


La profecía también decía que una vez aniquilado el gigante, este caballero se casaría con la princesa, convirtiéndose en dueño y señor del reino.

Aunque a don Quijote tal recompensa le tienta (y no digamos a Sancho que está más feliz que una perdiz imaginándose dueño y señor de su ínsula o lo que le quieran dar), no puede aceptar esta propuesta. No, es imposible. Su amor es de Dulcinea y de nadie más.

Sancho se pone hecho una furia. Su señor está más loco de lo que él creía y es que… ¿cómo es capaz de rechazar a la bella princesa, fina, educada y con fortuna por la poco agraciada, basta y pobre de Dulcinea?
Madre mía, para qué más…don Quijote agarra a Sancho y le da todos los golpes que puede y no sigue más porque de nuevo Dorotea consigue parar la golpiza.

Al fin las aguas llegan a su cauce y terminan haciendo las paces señor y escudero.

En plena reconciliación ven llegar una figura humana a lomos de un asno. Aunque en un principio creen que es un gitano de viaje por esos caminos, Sancho se percata de que se trata de Ginés de Pasamonte…quien va a lomos de su asno, el cual le robó en su día.  Sancho sale disparado hacia el sinvergüenza de Ginés, hecho una furia, y consigue que éste huya dejando al asno con su legítimo amo. Sancho está tan contento de recuperar al animal que no pone objeción a la anulación de la promesa de los tres pollinos que le había prometido don Quijote.

Dorotea, Cardenio, el cura y el barbero están asombrados de la facilidad que tiene don Quijote para creerse cualquier historia.

Mientras, don Quijote le pregunta a Sancho por la reacción de Dulcinea al leer su carta. Sancho le confiesa la verdad: no se la ha llevado. Algo que no sorprende a su señor pues sabe que es así ya que la carta se quedó en el librito que don Quijote tiene en su poder. Así, si, dice Sancho, pero es que éste recordaba fielmente el contenido de la misma y con la ayuda de un cura la pudo transcribir.

Ante la pregunta de don Quijote de si recordaba el escrito, Sancho se sincera y dice que no, que ahora no se acuerda. Lo único que recuerda es que era una carta llena de amor…


2 comentarios:

  1. Parece que te va gustando el libro :D. Ojalá me anime yo a leerlo entero. Aunque sea casi en castellano antiguo, espero no perderme demasiado.

    Un saludo.

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