lunes, 16 de junio de 2014

Capítulo XXIII del Libro Primero de don Quijote de la Mancha

Capítulo XXIII: De lo que aconteció al famoso don Quijote en Sierra Morena, que fue una de las más raras aventuras que en esta verdadera historia se cuentan

Don Quijote se lamenta de no haber escuchado a Sancho en sus advertencias. Sancho tiene el miedo metido en el cuerpo pensando en el castigo que les puede imponer la Santa Hermandad, así que le propone a don Quijote poner pies en polvorosa y salir de allí cuanto antes. Don Quijote, que algo de miedillo también tiene que tener, decide hacerle caso a Sancho y largarse cuanto antes de ese lugar.

Llegan hasta Sierra Morena, lugar que a don Quijote le parece ideal para seguir con sus aventuras. Y… éstas no tardan en llegar…

Se encuentran con una maleta abandonada con ropas, dinero y un librillo. Don Quijote se interesa por este librillo mientras que a Sancho lo que le llama la atención es el dinero. Dinero que termina por quedarse (anda que no se pone contento ni nada) con el permiso de su señor.

Don Quijote se nos revela como un entendido en literatura pues al analizar los escritos del librillo (que tiene pinta de ser un manuscrito) encuentras poemas y misivas de amor, lamentos y quejas; llegando a la conclusión de que se trata del escrito de un amante despechado. Pero… ¿quién es ese amante?

Ya tenemos misión: hay que encontrar al dueño de este librillo.

Y como tener una misión tranquila es algo impropio de nuestros amigos, de repente don Quijote ve a un hombre semidesnudo, sucio, desgreñado, harapiento, saltando entre las rocas de la sierra. Don Quijote se empeña en averiguar quién es ese ser saltarín y si es él el dueño de tan misteriosa maleta.

Le pide a Sancho salir en busca del hombre, algo que no gusta a Sancho principalmente porque si es él el dueño de la maleta lo es del dinero…y no, que Sancho no quiere quedarse sin una sola moneda.  Pero como intentar convencer a don Quijote de otra cosa es tiempo perdido, decide ir con su señor (nada de ir cada uno por su lado, que Sancho tiene el miedo bien metido en el cuerpo)

Encuentran a un pastor bastante anciano con su rebaño al que  rápidamente interrogan sobre la identidad del dueño de la maleta y de una pobre mula que lleva ya un tiempo muerta. Sí, parece que el hombre que han visto saltando entre las rocas es el dueño de estos objetos, el cual lleva ya seis meses viviendo en esta situación. El pastor les dice que consiguieron hablar con él y que les comentó que vivía en esta situación por voluntad propia, a modo de penitencia por sus muchos pecados.
El misterioso joven es un muchacho de modales exquisitos, educado y correcto pero al parecer con algún problema mental serio… Y es que al parecer, un tal Fernando le causó tato dolor que lo dejó seriamente trastornado. Este muchacho tiene muy preocupados a los pastores, quienes han decidido que en encontrarlo, lo llevarán de vuelta a la civilización para curar su mal, si es posible.

Don Quijote ya tiene un nuevo cometido: encontrar a esta desdichada criatura y darle consuelo (madre mía….se van a juntar el hambre con las ganas de comer…)

En esas están cuando aparece por sorpresa el muchacho el cual se dirige hacia don Quijote, Sancho y el pastor a quienes saluda muy cortésmente.  Y hete aquí que don Quijote lo abraza de forma intensa. El muchacho, a quién se le conocerá de ahora en adelante como al Roto de la Mala Figura, se aparta de don Quijote y lo mira fijamente.


Qué le dijo, lo sabremos en el próximo capítulo. 

2 comentarios:

  1. Tengo que ponerme al día con este libro.

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  2. Madre mía, este libro es más largo que un día sin pan.
    Besos.

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