martes, 3 de junio de 2014

Capítulo XXI del Libro Primero de don Quijote de la Mancha

Capítulo XXI: Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero

Don Quijote le ha pillado tal manía al lugar en el que están los batanes que se niega a resguardarse en el mismo a pesar de una insistente lluvia.


Inician de nuevo un camino desconocido, pero pronto se les rompe la tranquilidad cuando se encuentran con un hombre a caballo que luce un yelmo dorado que don Quijote reconoce como el de Mambrino, aquel sobre el que él juró como caballero.

Don Quijote desea ese yelmo  a pesar de que Sancho, una vez más, le hace ver que puede estar equivocado; no hace caso. Así que decide mostrarse ante el poseedor del yelmo. Pero no, ni era un caballero ni era un yelmo dorado. Se trataba de un barbero al que había sorprendido la lluvia y para protegerse de ella decide colocarse un bacín en la cabeza…

El pobre barbero se lleva el susto de su vida cuando se le planta don Quijote en su camino, a galope a lomos de Rocinante, exigiendo lo que cree es de él. La reacción del barbero es la de cualquier persona normal: se cae del mulo que lo transporta de puro susto y sale huyendo como alma que lleva el diablo. En su loca huida, pierde todo incluido el dichoso yelmo-bacín para regocijo de don Quijote.

Aunque don Quijote esté un poco tocado del ala, tiene ojos. Y pronto de da cuenta de que el yelmo tiene más forma de bacín que de otra cosa. Pero no pasa nada, pues fiel a la idea de “no se consuela quién no quiere” pronto encuentra una solución a este problema: el miserable que lo poseía, sabiendo que es de oro, mandó fundir la mitad del yelmo, dejándolo con esta peculiar forma. Claro, que reconoce que el dueño original tenía que tener una cabeza de tamaño considerable para llevar este yelmo (si a don Quijote le viene y es la mitad, imaginaos cómo sería entero…)

No pasa nada, ya encontrará don Quijote el modo de devolverle la forma original.

Continúan de nuevo su camino dejando de nuevo al buen Rocinante que sea el guía pues como dice don Quijote, ningún buen caballero lleva una ruta pactada, es el destino -o en este caso su caballo- quien lo guía)


Sancho vuelve a cuestionar si merece la pena tanto sacrificio en pos de una recompensa que quizá nunca llegue.  Don Quijote le dice que sí, porque así es la vida del caballero y ésta sigue unas pautas marcadas que no se pueden esquivar. Lo único que les falta es encontrar un rey cristiano o pagano que tenga una hija hermosa y necesite su ayuda. Pero antes tienen que ganarse su fama que los acredite como valientes caballeros.


Parece que Sancho queda convencido de que es necesario aguantar para conseguir su recompensa, la cual puede ser que estuviera cerca…y en forma de condado.


  • Imágenes tomadas de Spanish Arts
  • Grabados de Gustavo Doré 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

-No publicaré comentarios que incluyan invitaciones a otros blogs. Si me interesa vuestro espacio, no os preocupéis que ya os seguiré.No hace falta que me lo digáis...

-No publicaré comentarios que contengan algún tipo de enlace ni aquellos que se basen en el "si me sigues, te sigo"

- Si queréis hablarme de vuestras obras, tenéis un email al que dirigirse. No publicaré ningún comentario de promoción.

-Siempre respeta las opiniones de los demás, si no tu comentario quedará eliminado antes de publicarse.