lunes, 5 de mayo de 2014

Capítulo XVII del Libro Primero de don Quijote de la Mancha

Capítulo XVII : Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo don Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta que, por su mal, pensó que era castillo 



Don Quijote recobra el conocimiento y cree que lo sucedido la víspera (la paliza que le cae por intentar seducir a la “doncella del castillo”) ha sido obra de alguna fuerza sobrenatural que protege a dicha doncella. Vamos, que no se ha enterado de nada de lo que ha pasado realmente…
El cuadrillero, preocupado por la salud de don Quijote (recordamos que lo habíamos dejado más muerto que vivo en el capítulo anterior) se acerca hasta donde están don Quijote y Sancho para interesarse por la salud del caballero a quien sorprende hablando con su escudero. Don Quijote se toma a mal la forma que este señor se dirige a él (le llama “buen hombre”) y le contesta un pelín airado. Algo que el cuadrillero no está dispuesto a aguantar y antes de abandonar la estancia, le arrea con el candil en la cabeza. Tan fuerte le da que se quedan a oscuras pues el candil se apaga, algo que corrobora la versión de don Quijote sobre la existencia de un “moro encantado” que protege a la doncella del castillo.

Sancho busca al ventero para que éste le proporcione unos ingredientes para hacer aquel famoso brebaje que cura las heridas. Sí, consiguen hacer un brebaje pero es tan sumamente asqueroso que don Quijote (el primero que se lo toma) acaba vomitando hasta la hiel, pero como después de ello duerme tres horas y se despierta tan fresco, cree a pies juntillas que por fin ha dado con el bálsamo de Fierabrás; lo que hace que todavía esté más dispuesto a vivir muchas más aventuras (como tiene ya el milagro del brebaje, lluévanle los palos)
Pero al pobre de Sancho el bálsamo le sienta tan mal que el infeliz cree que la hora de su muerte está cerca. Don Quijote le dice que si le ha caído tan mal es porque el bálsamo es únicamente para caballeros….
Lo cierto es que a don Quijote le da igual si Sancho está indispuesto. Él está bien y por lo tanto, no debe de privar al mundo de sus aventuras. Así que decide abandonar la venta-castillo. Se despide del ventero ofreciéndose para remediar cualquier problema o agravio que haya sufrido el buen hombre, el cual le contesta que con que le abonen los gastos derivados de la estancia de caballero y escudero, se da por satisfecho.

Ah…pero… ¿es que esto es una venta? eso es lo que se pregunta don Quijote totalmente extrañando (y es que sigue pensando que está en un castillo) Se siente tan engañado que decide no pagar en virtud de una ley no escrita según la cual se debe de dar hospedaje y alimento a los caballeros en compensación por las vivencias que padecen. Obviamente, al ventero no le hace ninguna gracia y ante la marcha (toda digna) de don Quijote, decide cobrarle la deuda al pobre Sancho. Por lo que Sancho termina siendo manteado hasta que queda agotado. Tan solo Maritornes acude en ayuda del escudero con una jarra de agua que bebe con ganas, más cuando se ve la perspectiva de volver a beber el bálsamo de Fierabrás tal y como le aconseja don Quijote.
Por fin, don Quijote y Sancho abandonan la venta sin pagar (bueno, el ventero se queda con las alforjas de Sancho) aunque con el cuerpo aún más molido que en ocasiones anteriores…


  • Imágenes tomadas de la página Spanish Arts
  • Grabados de Gustavo Doré 

4 comentarios:

  1. Lo que no le pase a Quijote no le pasa a nadie. Y el pobre Sancho... en medio.
    besos.

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  2. Tiene un morro que se lo pisa Don Quijote, mucho caballero pero de pagar ni mijita, jajaja No, si tan tonto no está :)

    Bs.

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  3. Es uno de los capítulos que más divertido me ha parecido.

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  4. Me he divertido mucho con este capítulo.

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