jueves, 22 de mayo de 2014

Capítulo XIX del Libro Primero de don Quijote de la Mancha

Capitulo XIX: De las discretas razones que Sancho pasaba con su amo, y de la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, con otros acontecimientos famosos.

Sancho se pregunta si los males que les suceden no serán consecuencia de saltarse don Quijote ciertas reglas básicas de la orden de los caballeros (como “comer pan a manteles ni con la reina folgar”)
Sí, quizás Sancho lleve razón y ese sea el motivo de tanto contratiempo. Pero don Quijote le recuerda a Sancho que también es culpa suya pues en su deber como escudero está el recordarle a su señor ciertas normas. Y como Sancho no lo hizo…también él se lleva parte del castigo.

Se les echa encima la noche, una noche que es especialmente oscura en la que no encuentran ningún lugar en el que instalarse. De pronto, divisan una gran cantidad de luces, las cuales parecen estrellas en movimiento.
Estas luces se van haciendo cada vez más grandes conforme se van acercando a don Quijote y Sancho. No, nuestros amigos no están muy tranquilos con esto que están observando y es que se preguntan… ¿qué es eso que tienen delante de ellos? ¿Son fantasmas? ¿Les van a atacar?

Pero no, no se trata ni de fantasmas ni de nada paranormal. Simplemente es una comitiva fúnebre, encabezada por una veintena de encamisados. A don Quijote y a Sancho esta comitiva les da miedo y la reacción de tan insensato caballero es la de plantarse en medio del camino del cortejo y exigir una explicación de quiénes son y hacia dónde van. Y es que don Quijote, paladín de las injusticias, está dispuesto a enmendar cualquier falta que se haya cometido. Lógicamente nadie de la comitiva quiere pararse a dar ningún tipo de información, lo cual hace que don Quijote se enfade y mucho.

Y aquí es donde comienza a liarse la cosa… La mula en la que iba uno de los encamisados se espanta y hace que su jinete caiga al suelo. Don Quijote se enfada aún más y no se le ocurre otra cosa que lanzarse hacia los encamisados con una furia incontenible que hace que derribe a varios de ellos, haciendo huir a otros cuantos. Desde luego que se trata de gente pacífica pues de otra forma don Quijote (y de rebote Sancho) se hubiesen llevado más palos que una estera.  El espectáculo de ver a los encamisados huyendo antorcha en mano por el medio de campo tuvo que ser entretenido como poco…

Total que don Quijote le da palos (por una vez que puede ser él el que los dé y no quien los reciba) a todo lo que se le pone por delante dejando a los componentes de la comitiva con la idea de que les ha atacado un diablo que quería llevarse al difunto.

Sancho, mientras tanto, asiste maravillado a la actuación “guerrera” de su señor.

Don Quijote se acerca a uno de los “caídos” y le exige que se rinda so pena de morir. La pobre criatura no puede ni con su alma así que sí, se rinde a la vez que (debido a las insistentes preguntas de su misterioso atacante) se identifica como Alonso López, sacerdote y miembro de la comitiva de un difunto caballero al que llevan hasta Segovia para ser enterrado.

Don Quijote se presenta como caballero de la Mancha cuyo oficio es el de “enderezar tuertos y desfacer agravios” (nada dice de los que él provoca)
Claro, el pobre bachiller Alonso le pide explicaciones de tremenda actuación y don Quijote se excusa en que la culpa fue de la comitiva… ¿a quién se le ocurre ir de noche, de luto, con antorchas encendidas?
Sancho, que ayuda al pobre Alonso a salir de debajo de la mula y a seguir su camino, decide bautizar a su señor como “El caballero de la Triste Figura” porque el aspecto que presenta es más que lamentable: delgado y sin muelas, su cara es todo un poema. A don Quijote le gusta este sobrenombre y decide hacerse pintar en su escudo una triste figura.

En estas están cuando de repente aparece el bachiller Alonso para informar a don Quijote de que… está excomulgado por haber atacado a miembros de la Iglesia. De nada vale la argumentación de don Quijote de la nocturnidad y de que los confundió con fantasmas.

Por fin se alejan del lugar y, con Sancho guiando sus pasos, llegan a un valle en el que por fin pueden descansar.


Pero no, la paz les va a durar poco (como tiene que ser) y les vuelve a pasar algo que ya veremos en el próximo capítulo. 











3 comentarios:

  1. Quijote siempre la lía, pobres frailes!
    Besos

    ResponderEliminar
  2. Hola^^
    La verdad es que es la leche este libro jaja xD
    Te sigo y me quedo por aquí
    Un beso

    ResponderEliminar

-No publicaré comentarios que incluyan invitaciones a otros blogs. Si me interesa vuestro espacio, no os preocupéis que ya os seguiré.No hace falta que me lo digáis...

-No publicaré comentarios que contengan algún tipo de enlace ni aquellos que se basen en el "si me sigues, te sigo"

- Si queréis hablarme de vuestras obras, tenéis un email al que dirigirse. No publicaré ningún comentario de promoción.

-Siempre respeta las opiniones de los demás, si no tu comentario quedará eliminado antes de publicarse.