lunes, 3 de marzo de 2014

Capítulo VIII del Libro Primero de Don Quijote de la Mancha

Capítulo VIII: Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación

La primera aventura que vive Sancho como escudero de don Quijote es la famosa de los molinos. Sí, la pareja (que daría gusto verlos) se encuentra unos treinta o cuarenta molinos de viento que nuestro querido caballero confunde…con gigantes. A pesar de que Sancho intenta hacerle ver que de gigantes nada, que son molinos; don Quijote se lanza desesperado, como si le fuera la vida en ello, a atacar a esas endiabladas criaturas. Al grito de “Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete”, don Quijote se enfrenta a esos descarados seres que tienen la poca vergüenza de provocarle agitando sus brazos (para colmo, comienza a hacer viento y las aspas de los molinos comienzan a girar…)


Lógicamente, el embiste es de tal envergadura que tanto don Quijote como Rocinante (pobre animal) salen despedidos, aterrizando en medio del campo. Allá que va Sancho a socorrer al caballero y a su caballo.

Ante la evidencia que no son gigantes, que son molinos, a don Quijote no se le ocurre otra cosa que culpar al sabio Frestón (aquel que hizo desaparecer sus libros y la habitación en la que estaban) de haber transformado a los gigantes en molinos. En este enfrentamiento, don Quijote pierde su lanza.

Después de llevarse, otra vez, su buena ración de golpes; Sancho y don Quijote emprenden el camino hacia Puerto Lápice, lugar en el que, según el hidalgo, suceden numerosas aventuras.

Por el camino, se hace otra lanza con la rama de una encima a la vez que recuerda la historia de Diego Pérez de Vargas, quien con una lanza de estas características logró vencer a un elevado número de moros, siendo recordado por esta hazaña.


Ante la pregunta de Sancho de porqué no se queja del tremendo golpe que se ha llevado, don Quijote contesta que no lo hace porque no ha oído en ningún momento a los gigantes hacerlo…

Aunque Sancho duerme a pierna suelta durante toda la noche y lograr comer con apetito, nuestro querido caballero no consigue hacer nada de eso…y es que, como buen caballero que es, se le va el tiempo pensando en su amada Dulcinea (pobre mío, está como una chota…) Y es que esto es lo que hacen los protagonistas de los libros de caballería…

Con el amanecer de un nuevo día, salen en busca de sus ansiadas aventuras. De repente, se encuentran con dos frailes de la orden de San Benito montados en dos mulos, a los que don Quijote confunde con dos caballeros sobre dos dromedarios. Detrás de los frailes, y sin que guarde relación con los religiosos, se encuentra una comitiva encabezada por un coche que portaba a una señora vizcaína que se dirigía a Sevilla. Para qué más…don Quijote cree que son dos bandidos (los frailes) que han secuestrado a una princesa. Y es por esto por lo que ataca a los pobre frailes, uno de los cuales aterriza en el suelo de la golpiza. Pero esta vez no será don Quijote el único que cobre, y es que Sancho decide despojar al fraile que ha caído al suelo de sus posesiones, recibiendo su correspondiente lluvia de palos.

Una vez que los dos supuestos bandidos se marchan al galope, don Quijote se interesa por el estado de la supuesta princesa. No tiene otra ocurrencia que pedirle a la comitiva de la “princesa” que vuelvan a Toboso e informen a Dulcinea de la valiente acción que ha llevado a cabo. Uno de los escuderos (que la verdad, parece que tampoco está muy bien de la cabeza) de la señora se niega en redondo, comenzando otra trifulca para don Quijote.



Y así dejamos a nuestro amigo enzarzado en otra pelea, mientras que a la señora y compañía no les queda otra que rezar y esperar a que termine pronto esta absurda pelea…












Este es el último capítulo de la Primera Parte del Libro Primero. 

  • Imágenes tomadas de la página Spanish Arts
  • Grabados de Gustavo Doré

3 comentarios:

  1. Que bien os lo estáis pasando!!Besotes

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  2. Pobre Don Quijote, confundir molinos con gigantes.
    Tenía muchas ganas de que llegara esta parte.
    Besos.

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