lunes, 24 de febrero de 2014

Capítulo VII del Libro Primero de Don Quijote de La Mancha

Capítulo VII: De la segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de la Mancha


Mientras sigue la destrucción de su extensa biblioteca a manos del cura, el barbero, el ama y su sobrina, Don Quijote se despierta y a gritos desde sus aposentos les hace ver a los habitantes de la casa que sigue como una chota…y es que sólo piensa en vengarse del malhechor que lo ha molido a palos y se cree que es Reinaldo de Montalbán…

Lo calman, vuelve a dormirse y aprovechan esta circunstancia para terminar de quemar los libros que quedaban. No contentos con semejante burrada, se les ocurre la genial idea de tapiar la habitación en la que se encontraban los libros y hacerle creer a don Quijote que un encantador la ha hecho desaparecer por completo (libros y estancia)

Una idea descabellada que no sabemos quién en su sano juicio se la iba a creer. Pero es que nuestro gentil caballero no goza precisamente de un juicio estable por lo que…se cree a pies juntillas que libros y habitación han desaparecido por obra de un malvado encantador al que incluso identifica como Frestón (el cual, por lo visto y en su imaginación) le tenía bastante inquina…

Así pues, ama y sobrina se quedan conformes de que han hecho lo correcto pues don Quijote se pasa quince días en casa sin dar muestras de desear salir a buscar nuevas aventuras.

Pero nada más lejos de la realidad. Y es que mientras las mujeres se contentan con esta idea, Don Quijote convence a un labrador vecino suyo, casado, con hijos y por lo que intuimos con más bien poco seso, para que lo acompañe en sus disparatadas aventuras. Al pobre Sancho Panza (por fin aparece en la historia) lo convence con la idea de hacerlo gobernador de una de las ínsulas que conquisten. O lo que es lo mismo, le promete el oro y el moro si lo sigue.

Al margen de conseguir escudero y acordándose de los consejos de aquel ventero al que confundió con un alguacil de un castillo, don Quijote se hace de una cantidad de dinero (malvendiendo alguno de sus enseres) y de varias camisas.

Claro, llegado el momento de partir, Sancho le dice que “él no estaba duecho a andar mucho a pie” por lo que le comenta su idea de partir…en asno. Nuevo dilema para nuestro querido hidalgo y es que… ¿hubo alguna vez algún caballero que llevase junto a él a “un escudero caballero asnalmente”? Como no se le ocurre ninguno, accede a que Sancho utilice a este animal como medio de transporte.




Y así tenemos de nuevo a Don Quijote, bien preparado (o eso cree él), con un nuevo acompañante de viajes, partiendo con nocturnidad y alevosía…en busca de nuevas historias que vivir. 

  • Imágenes tomadas de la página Spanish Arts
  • Grabados de Gustavo Doré 

4 comentarios:

  1. Este es uno de los capítulos en que se ve mejor que la estupidez humana no tiene límites. Primero lo quieres convencer de que todo es efecto de su imaginación y después que los libros han desaparecido por culpa de un encantamiento. Bueno, nos organizamos ¿O qué?
    Que bien me está viniendo este repaso que estas haciendo con los capítulos. Así recuerdo todo lo que disfruté cuando lo leí.
    Un saludo.

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  2. Sancho Panza ya salió a escena. Tenía ganas ya.
    Besos.

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  3. ¡Ay, la destrucción de la biblioteca! ¡Qué dolor! Menos mal que ya tenemos aquí a Sancho Panza para compensar lo mal que lo hemos pasado con la quema de libros, y es que Sancho vale su peso en oro, aunque él prefiera una ínsula.
    Besos.

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