lunes, 10 de febrero de 2014

Capítulo V del Libro Primero de Don Quijote de la Mancha

Habíamos dejado a Don Quijote en medio de un camino molido a palos por la paliza que le propinó el criado de un grupo de comerciantes toledano. Nuestro caballero está tan dolorido que le es imposible moverse por lo que para solucionar este trance, recurre a su extensa y fructífera imaginación para buscar una salida. Y no se le ocurre otra cosa que recordar la historia del protagonista de una de las tantas historias de caballeros que leyó… y adoptar la situación de esa historia al cien por cien. Y no sólo escenifica ese pasaje, sino que declama las mismas palabras que el protagonista de esa historia dice en la misma. Entre gritos y aspavientos, Don Quijote llama a su amada y termina con estos versos:”! Oh, noble marqués de Mantua, mi tío y señor carnal!


Y como a este buen caballero le plantan un circo y le crecen los enanos, justo cuando termina de recitar estos versos aparece por allí mismo un labrador que era de su mismo pueblo (el cual no reconoce a Don Quijote de lo maltrecho estaba) Don Quijote, en pleno frenesí imaginativo, confunde a su paisano con su “tío”, el marqués de Mantua y continúa con su declamación del romance.

Imaginaos la cara del pobre labrador, el cual alucinaba por momentos. Decide limpiarle la cara y para su sorpresa, descubre que se trata de Alonso Quijano, su vecino. Ante la verborrea sin sentido de Don Quijote, el labrador se da cuenta de que su vecino está como un cencerro y decide llevárselo de vuelta a su casa. Pero, en un acto de humanidad, decide entrar en el pueblo de noche para que no vea nadie el estado de total locura en el que se halla nuestro querido caballero.

Entran en casa de Don Quijote en la que se encuentran su ama, su sobrina, el cura y el barbero. Las dos mujeres se lamentan de que ya hace tres días que no saben nada de Don Quijote y que seguramente habrá llevado a cabo alguna locura producto de los libros de caballería que lee y que le tienen sorbido el seso.
Pero hete aquí que hace acto de presencia , en ese estado tan desastroso, el protagonista de la conversación; el cual pide ser curado de sus heridas y poder descansar. Justifica su lamentable estado diciendo que se ha caído de su caballo después de haberse enfrentado a 10 jayanes  (personas de gran corpulencia física)


Así que dejamos a Don Quijote sin fuerzas, negándose a contestar a las mil preguntas que le hacen y buscando el descanso que tanto necesita. Mientras tanto, el labrador que lo encontró pone al día al cura de las burradas que ha ido soltando el caballero y en el estado en el que se lo halló.


Y es entonces cuando el cura decide llamar al barbero maese Nicolás…


  • Imágenes extraídas de la página Spanish Arts
  • Grabados realizados por Gustavo Doré 

7 comentarios:

  1. ¡Pobre Don Quijote! Le pasa de todo. Si es que la lectura no es buena jajaj. ;-)
    Besos.

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  2. Pobre don Quijote! A ver si le curan un poco en su casita, al menos las heridas del cuerpo
    Besos

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  3. Con lo que leemos por estos lares, espero que ninguno enloquezca con las lecturas. Y que nadie coja miedo por leer, que es totalmente positivo e inofensivo.

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  4. Pero ¿pobre Quijote o afortunado Quijote? No todo el mundo es capaz de defender tanto sus sueños, aun cuando todos le dicen que está loco y confunde la realidad con sus libros...

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  5. Dáis ganas de que me ponga a leer el Quijote, pero no me veo preparada para ese libro aún :S

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  6. Desde luego se mete en cada una....

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  7. Ay, este viejo loco... Me encanta que leáis el Quijote. Yo lo hice hace tiempo. Y a pesar de haberme gustado muchísimo, estoy convencida de no haberle sacado el jugo que vosotros le estáis sacando.
    Besos
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